decocasa

Inicio / Materiales

Tapas de interruptores decoradas: cómo forrarlas con papel paso a paso

Forrar la tapa de un interruptor con el mismo papel de la pared o con un estampado es una mini reforma de una tarde que cambia cómo se ve el muro.

3 min de lectura

Pared pintada de azul con una tapa de interruptor blanca y simple
Foto: Markus Spiske · CC0

Las tapas de luz son ese detalle que nadie mira hasta que desentona: una placa blanca amarillenta en medio de una pared empapelada o pintada de color. Esta nota es para quien quiere integrarlas al muro o convertirlas en un acento, con materiales simples y una tarde de trabajo.

Antes de empezar: seguridad primero

Este proyecto se hace solo sobre la tapa plástica exterior, nunca sobre el mecanismo. Antes de desatornillar, bajá la térmica del circuito en el tablero y comprobá que la luz no prenda. Trabajá con la placa sobre una mesa, lejos de la pared.

No metas papel, pegamento ni barniz dentro de la caja ni sobre las teclas del mecanismo. Si al sacar la tapa ves cables flojos, quemados o algo que no entendés, no sigas: volvé a colocar la tapa y resolvelo antes de decorar.

Qué materiales necesitás

  • Retazos de papel de empapelar, papel vinílico autoadhesivo, papel de regalo grueso o tela fina.
  • Cola vinílica o pegamento para papel (si el papel no es autoadhesivo).
  • Barniz acrílico al agua, mate o satinado.
  • Pincel chico o esponja.
  • Cutter, tijera, regla y lápiz.
  • Destornillador.

Si la pared ya está empapelada, lo ideal es usar un sobrante del mismo rollo. Así podés hacer coincidir el dibujo y la tapa casi desaparece.

Paso a paso

1. Marcá el papel. Apoyá la placa boca abajo sobre el revés del papel. Si querés continuidad con la pared, ubicá el papel de modo que el dibujo coincida con el que rodea el interruptor. Marcá el contorno dejando unos 2 cm de margen de cada lado.

2. Recortá las esquinas. Cortá un cuadradito en cada esquina del margen, para que al doblar no se superpongan capas. Te va a quedar una forma de cruz.

3. Pegá. Pasá una capa pareja de cola sobre la cara visible de la placa, no demasiado cargada. Si usás vinílico, solo despegá el protector.

4. Alisá y doblá. Apoyá la placa sobre el papel y presioná desde el centro hacia afuera con una regla o una tarjeta para sacar burbujas. Doblá los márgenes hacia el revés tensando bien y pegalos.

5. Abrí los huecos. Dale vuelta y, con el cutter, hacé un corte en cruz en el hueco de la tecla y en los agujeros de los tornillos. Doblá esas solapas hacia adentro y pegálas.

6. Barnizá. Una o dos manos finas de barniz acrílico protegen el papel de las manos y permiten limpiarlo con un trapo apenas húmedo. Dejá secar bien antes de volver a colocar la tapa.

Ideas según el ambiente

En un cuarto de chicos, un estampado de mapas, estrellas o animales vuelve divertido algo que usan todo el día. En una cocina, conviene un vinílico lavable, porque las tapas cerca de la mesada se ensucian con grasa. En un living con pared de color, podés hacer lo contrario: forrar la tapa con un papel liso del mismo tono para que se funda con el muro.

Otra opción, para quien no quiere papel, es pintar la placa con esmalte en aerosol para plásticos, después de lijar suave y aplicar un fondo adherente. Los tonos negro mate, bronce o el mismo color de la pared quedan muy actuales.

Errores comunes

El más frecuente es usar papel muy grueso: no dobla bien en los bordes y la tapa ya no calza contra la pared. El segundo es cargar demasiado pegamento, que arruga el papel y tarda en secar. También pasa que el barniz se aplica antes de que la cola esté seca y aparecen manchas blancas; esperá unas horas entre una cosa y otra.

Por último, si vas a hacer varias tapas, numeralas por detrás antes de sacarlas. Parecen todas iguales, pero cada una suele tener su posición y sus tornillos, y así cada una vuelve a su lugar sin vueltas.

Con poco material y algo de paciencia, las tapas dejan de ser un parche y pasan a ser parte de la decoración.