Cajones de verdura reciclados: cómo restaurarlos y usarlos en la decoración
Los cajones de verdulería se vuelven estantes, mesas de luz o guardado con fundas de tela si se lijan, se tratan contra plagas y se terminan con buena pintura.
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Si tenés a mano un par de cajones de madera de verdulería o de fruta y no sabés qué hacer con ellos, esta nota te muestra cómo convertirlos en muebles útiles y lindos. Son baratos o gratuitos, resistentes y se adaptan a casi cualquier ambiente, desde el cuarto de los chicos hasta la cocina.
Antes de ponerte a pintar, el paso más importante es la preparación. La madera de estos cajones es rústica y estuvo en contacto con alimentos y humedad, así que hay que dejarla limpia y segura.
Cómo preparar los cajones
Elegí cajones sanos, sin tablas partidas ni clavos flojos. Revisá que no tengan pequeños agujeros con polvillo, señal de insectos que comen madera.
El proceso básico es este:
- Limpiarlos con un cepillo seco para sacar tierra y astillas, y después con un trapo húmedo con agua y un poco de lavandina diluida. Dejarlos secar al sol.
- Repasar los clavos con un martillo y sacar los que sobresalgan o estén oxidados.
- Lijar todas las caras con lija gruesa y después fina, prestando atención a los cantos, que suelen tener astillas.
- Aplicar un protector para madera contra insectos y hongos, sobre todo si van a estar en un lugar cerrado.
Con eso ya tenés una base lista para terminar a gusto.
Terminaciones: pintura, tinte o natural
Si te gusta el aspecto rústico, alcanza con un aceite o una cera para madera, o un barniz al agua mate que no cambie mucho el color. Queda cálido y natural.
Para un estilo más alegre, la pintura es la mejor aliada. El látex o el esmalte al agua se aplican fácil y vienen en todos los colores. Una idea muy linda es pintar el exterior en un color y el interior en otro, o dibujar a mano motivos simples como frutas, flores, rayas o letras.
Si vas a usar los cajones en el cuarto de los chicos, elegí pinturas al agua sin solventes y dejalas secar bien antes de usarlos. Un detalle práctico: pintá un rectángulo con pintura de pizarrón en el frente, así podés escribir con tiza lo que hay adentro.
Ideas para usarlos en cada ambiente
En el living, apilados y fijados entre sí con tornillos, forman una biblioteca modular que se arma como quieras. Puestos de costado, son estantes; boca abajo, sirven de mesa baja si les sumás rueditas.
En el dormitorio, un cajón parado funciona como mesa de luz con un estante interior. Colgados en la pared, se convierten en repisas para libros, plantas o fotos.
En la cocina, sirven para guardar papas y cebollas (que necesitan ventilación), frascos o repasadores. En el cuarto de los chicos son perfectos como juguetero, y con rueditas se llevan de un lugar a otro.
En el baño, un par de cajones bien sellados pueden guardar toallas, aunque conviene que no queden cerca de la ducha.
Fundas de tela y otros detalles
Una forma de que los cajones se vean más prolijos y protejan lo que guardan es hacerles una funda de tela desmontable. Se cose como una bolsa con la forma del interior y un borde que se dobla hacia afuera, sujeto con elástico o con cinta.
Las telas de algodón grueso, el lienzo o la arpillera funcionan muy bien y se lavan fácil. La funda evita que la ropa o los juguetes se enganchen con la madera y permite cambiar el estilo sin repintar.
Otros detalles que suman: manijas de cuero o de soga en los costados, ruedas en la base, una tapa de madera o una almohadilla para convertirlo en asiento.
Errores comunes
El error más frecuente es saltearse el lijado y el tratamiento de la madera: después aparecen astillas, manchas o bichos. Otro es apilar muchos cajones sin fijarlos entre sí ni a la pared. Si armás una columna de más de tres, atornillalos y sujetá la estructura a la pared, sobre todo si hay chicos que puedan treparse.
Y si los vas a usar como asiento, reforzá el fondo con una tabla más gruesa, porque los cajones están pensados para cargar fruta, no personas.